El día anterior me dijo que estaba muy nervioso y que seguro que dormía mal, pero a las diez y media de la mañana tuve que despertarle, ángel mio. Desde esa hora hasta las doce y media tuvimos una pelea tras otra (no sé si era para que no me diese pena verle marchar o para llevarse puestas las de los siguientes quince días),con lo cual conseguí que sólo se me escapase una lágrima al decirle adiós -no tengo remedio-.
Como es su costumbre, me dio un beso a regañadientes y me mando un mensaje antes de que el autobús arrancase y otro al llegar a Londres (mi niño se lleva bien con las nuevas tecnologías y además las pago yo, así que le da igual).
Esta mañana a las 8 y media de la mañana hora de Londres, me ha llamado para contarme la cena de ayer. Supongo que a Ustedes les parecerá una extraña conversación, pero no. Querubín si ha comido bien está contento y parece ser que cenó en condiciones.
Mientras hablaba con él, su hermano (que le conoce bien) preguntaba: ¿Qué tal ha desayunado?. Aún no lo había hecho, así que nos quedaremos con las ganas de saber que tal le ha ido hoy hasta la noche.
Lo que tengo claro es que Querubín otra cosa no, pero seguro, seguro que su vocabulario al volver de Inglaterra le capacita para trabajar en un restaurante. Lo demás lo dirá en castellano...¡¡para que esforzarse!!.