jueves, 21 de noviembre de 2013

La sopa

 
En nuestra casa no somos mucho de sopa, bueno, mi media naranja la define como agua sucia, yo no me pego con nadie por ella y Querubincito no sabe,no contesta. Querubín se la come sin protestar, pero es que Querubín ...es de tan buen comer.
 
El otro día (a principios del mes de noviembre), decidí (osada yo), poner sopa para comer. Compré unos trozos de carne y junto a algún puerro, calabaza y cebolla me puse a prepararla. Teniendo en cuenta que la ultima sopa que habíamos comido había sido la de pescado en Navidad en casa de mis suegros, resultó que me acordaba de como cocinarla e incluso conseguí que no me quedase un engrudo a fuerza de echar estrellitas (fui moderada y estaban en justa proporción).
 
Llegó la hora de comerla. Mi media naranja la miró, me miró y no dijo nada (aunque sé que pensó mal de mi y decidió hacer él la comida del día siguiente), Querubincito la miró y dijo: ¿esto es sopa? y Querubín la miró y dijo: ¡¡está caliente!!.

Revolvieron la sopa, mi media naranja, sin levantar la cabeza del tazón ,decía: "yo no digo nada, yo no estoy diciendo nada, me la estoy comiendo", Querubincito metió la cuchara en el tazón, la sacó, me miró y dijo: "esto es por la crisis, verdad amatxu" y mientras tanto Querubín pasaba la sopa del tazón a un plato y del plato al vaso y de allí al tazón, diciendo: "es por el calor especifico de la sopa que es mayor que el del agua y por eso hay que pasarla a un plato húmedo"
 
Cuando acabaron de comer les pregunté, yo muy en mi papel de madre abnegada, si querían repetir. Mi querido marido fue el primero en contestar: "Yo si,...el año que viene".

Querubines varios y la ducha

¡A la ducha!: dícese del grito que proveniente de madre o padre hace que los adolescentes se queden sordos inmediatamente e incluso que se concentren de manera inesperada en los estudios.
 
Esa sería la acepción que debería venir en cualquier diccionario, pero en mi casa varía un poco ya que ese grito hace que mis querubines tengan exactamente la misma reacción: ¡¡Hoy le toca a mi hermano primero!!. Semejante comentario consigue que mi ulcera baile de alegría y que yo me tire de los pelos en plan mujer desesperada.
 
¿Qué más les dará ir uno u otro el primero a la ducha? No lo sé. Son 12 años ya y aún no lo sé. Lo siento, me gustaría darles una explicación convincente, un argumento que hiciese que los padres y madres apuntásemos en el calendario el turno de duchas y evitásemos así que uno de nuestros pequeños sufriese la terrible afrenta de ir más veces a la ducha el primero que su hermano, pero... no tengo ni idea.
 
Yo intento, en ocasiones, hablar con ellos y convencerles de lo agradable de ir el primero a la ducha (está limpia, la toalla seca, el suelo sin calar, el espejo sin empañar, la taza del wáter sin agua -mis niños tienen una necesidad imperiosa de sentarse en el baño una vez que están mojados, es un fenómeno digno de ser investigado-), en fin, un cúmulo de ventajas. Otras ocasiones simplemente les doy un grito, elijo a uno de ellos y le obligo a ir a la ducha.
 
Pero el mayor misterio no es ese, no, aún hay otro mayor, ¿por que luego están tanto rato en la ducha? ¿si tan a gusto están... por que al día siguiente tenemos la misma pelea?. Para esto si tengo una teoría. Yo creo que los adolescentes le van cogiendo cariño a la mierda a lo largo del día y por eso les cuesta tanto desprenderse de ella, luego, cuando ya la ven irse por el desagüe se conforman e incluso disfrutan de la ducha.
 
Es una cuestión de sensibilidad que nunca hay que confundir con que sean unos guarros, eso nunca.

martes, 22 de octubre de 2013

Querubín

A pesar de mi promesa de no escribir sobre Querubín, me veo en la obligación de comentar alguna cosita para que las benditas madres de adolescentes que me leéis sigáis teniendo información precisa de la evolución de esta especie.
 
La verdad es que Querubín está de los más aburrido últimamente. Su estado natural es tumbado o comiendo, incluso tumbado y comiendo.
 
Su único problema actualmente es la filosofía. No entiende porqué tiene que estudiar lo que otra gente pensó. Según Querubín él también puede pensar y no tienen que darle ideas desfasadas y de hace un montón de tiempo. Ayer mismo me lo encontré despotricando sobre las cavernas y me llevó un rato descubrir que hablaba de Platón.
 
Querubín es más de ciencias. Está disfrutando del laboratorio de química como un loco y no voy a negar que aunque le entiendo (aún siendo de letras, he de reconocer, que tiene mucha mejor pinta preparar una aspirina con acido sulfúrico que aprenderte el método empírico - racional) tiemblo un poco cuando me imagino a mi niño entre productos de riesgo y con un mechero en la mano. Entiéndanme, no es que no confié en él, es que no confió en absoluto y además no creo que la profesora (por muy competente que sea) este capacitada para conseguir que mi Querubín mantenga un mínimo orden necesario para que el laboratorio no vuele por los aires.
 
Por lo demás evoluciona favorablemente, en este momento con echarle de comer en cantidad abundante, no molestarle mucho cuando tiene la música puesta y recordarle unas cien veces al día que tiene que estudiar más...como si no estuviese en casa.

Oficios variados

Como ya os he comentado en alguna otra ocasión, Querubín quería ser médico hasta el momento en que supo que era una carrera en la que había que estudiar mucho, después de conocer aquella frustrante realidad, y habiendo madurado un poquito (sin pasarnos, ehh...), ahora quiere ser químico. Así, sin más rodeos ni vacilaciones. Querubín siempre ha sido muy simple.

Pero Querubincito, Querubincito, no ha tenido profesiones favoritas ni nada. Lo primero y más duradero fue que quería ser cura, pero no un cura de pueblo cualquiera, ah no. Mi niño quería ser Papa. Estuvo una larga temporada convencido de su vocación hasta que murió Juan Pablo II y mi niño, con su nariz pegada a la televisión, nos dijo: "ya no quiero ser Papa que también se mueren" (creo que mi Querubincito no había captado bien la diferencia entre ser Papa y ser Dios). A partir de ese momento nos dijo que prefería ser cardenal (ni comparar lo vistoso de los trajes).
 
Lo peor de todo es que él no es un niño de medias tintas y cuando llegaron las navidades les pidió a los Reyes Magos...¡Un sagrario!. Claro, nos puso en un aprieto ya que era complicado ir a las jugueterías y decir: "Oiga, perdone, quería un sagrario sencillito" y que la dependienta te conteste " ¿lo quería Usted forrado en pan de oro o algo más barroco con pedrería". Al final todo se soluciono y su querido abuelo agarró una caja de vino e hizo un sagrario de lo más apañadito, con cerradura y todo.

Tras unos años de vocación cardenalicia, mi pequeño decidió ser profesor, pero no maestro de pueblo, no. Querubincito nos dijo que quería ser catedrático de mitología griega en una Universidad de prestigio (él hablaba de Oxford o Cambridge). A partir de ese momento comenzó a pedir libros de mitología (y aunque no lo puedan Ustedes creer...¡Hay muchos libros de mitología para niños!) y actualmente es un experto en divinidades clásicas.

Su otra gran vocación ha sido el derecho, mi ángel quiere estudiar leyes, pero no abogado de pueblo, no. Quiere ser, al menos, juez (yo creo desde hace tiempo que mi criatura lo que quiere en realidad es llegar ropajes elegantes). En este momento tiene junto al sagrario un libro de derecho de la publicidad (es lo que había por casa de mis años en la universidad) y un pin de derecho que se ha comprado este verano en la Universidad de Salamanca (que por cierto, le ha parecido que tiene suficiente prestigio -de lo cual nos alegramos por que pilla más cerca que Oxford-).
 
El otro día en el ascensor nos dijo que ser redactor jefe tampoco estaría mal. ¡¡A ver si va a ser lo de mandar lo que le gusta y no los uniformes!!.

lunes, 7 de octubre de 2013

Querubincito y su orden

Todas aquellas personas que en algún momento habéis leído este blog sois conscientes de que el orden y Querubín son dos palabras que nunca han estado juntas en una misma frase al mismo tiempo (y menos aún en una misma habitación). Su hermano no se puede describir como un pre-adolescente ordenado, pero tiene su propio concepto del orden (que difiere mucho, mucho, mucho del mío).
 
Querubincito es un niño del que en ocasiones hemos dudado, mi media naranja y yo, si tendrá el síndrome de Diógenes para niños. Lo recoge todo, todo, todo, y luego lo guarda todo en todas las cajas que también ha ido recogiendo. Por ejemplo, llega a casa un teléfono inalámbrico nuevo, sacamos el teléfono de su caja y lo colocamos, Querubincito se dedica a observar el proceso mientras deambula alrededor nuestro y al cabo de un rato ... la caja ha desaparecido. Pasan unos días y en el cuarto de nuestro hijo pequeño aparece una caja forrada con trozos de papel, abundante celo y algunas pegatinas que, sospechosamente, tiene el mismo tamaño que la desaparecida caja del teléfono inalámbrico. Si osas abrir la caja, puedes encontrar: botones variados, trozos de tizas de colores, clips ( y en algún lugar de su cuarto habrá una pequeña cajita que antes contenía clips y ahora sirve para guardar una bonita colección de anillas) o pegatinas.
 
Sus cajones dan mucho miedo, a veces creo que tienen que tener vida propia y por las noches estoy segura que salen de allí todos los juguetes, papeles y material diverso y recorren la casa como en Toy Story. También tiene cosas guardadas bajo el colchón, en el armario, y en más cajas dentro de los cajones y debajo de su mesa.
 
La verdad es que a veces viene bien tener a Querubincito en casa, si un día necesitas una arandela metálica de 2 mm. pintada de  blanco, todo es cuestión de pedírsela a él, abrirá un cajón, sacará una caja y te la dará.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Querubín ya tiene 16

Si, ya dieciséis. Cuando comencé este blog sólo tenía trece y le habían salido sus primeros pelos en las axilas, ahora es un gigante peludo que calza un 45 y se acerca al 1,80 de altura.
 
Querubín continua por lo demás tal cual, no ha cambiado sustancialmente. Su posición favorita sigue siendo tumbado en el sofá (yo creo que por eso está creciendo tan rápido) o en la cama, su actividad preferida es, por supuesto comer, seguida muy, muy de cerca por tener entre manos algún aparato tecnológico.
 
La única diferencia notable en la familia es Querubincito. Ha cumplido 12 años y ha entrado de cabeza y sin freno en la ¿pre-adolescencia? ¿adolescencia?
 
Como os habéis podido dar cuenta, la insistencia de Querubín para que dejará de escribir sobre él, me ha coartado en los últimos tiempos y ha hecho que dejase abandonado el blog. No sería justo para mi cielito no escribir nada sobre su hermano y así empatarles a nivel internaútico. Fin de la era Querubín, comienzo de la era Querubincito.
 
Querubincito es largo, muy largo. Sus piernas acaban más o menos en el lugar en el que estarían en un niño normal los sobacos y sus brazos son enormes extensiones que finalizan en largos dedos que podrían ser de pianista (si mi angelito tuviese un mínimo sentido musical del que desgraciadamente carece). Esto le causa algunos problemillas y a los que estamos a su alrededor graves problemas, por ejemplo: nuestro pequeño oye que nos hemos despertado y viene a nuestra cama. Se lanza en plancha entre su padre y yo. Comienza a pelearse con su padre (esto de que todos los hombres jueguen a pelearse , ¿Será genético? ¿Será una involución a la época del Cromagnon? ¿Qué será, será?) y al girarse no controla su largo brazo y me da un puñetazo en el ojo. Yo me quejo y amenazo con pasar de ellos y bajar a desayunar, pero mi querubincito se gira para mimarme y convencerme de que me quede y me lanza un codazo en toda la teta. Me levanto y me voy, él se levanta tras de mi implorando perdón y me pisa con su 43 de pie gigante. Lo siento, soy un pato, dice. Venga cariño, quédate jugando a peleas con tu padre, digo yo, y me voy.
 
Una voz de ultratumba sale del cuarto de Querubín -al que suponíamos dormido-: "Ves, amatxucita, yo soy mucho mejor que él"

viernes, 25 de enero de 2013

Adolescentes y navidad

Ya sé que estamos casi a finales de enero, pero he necesitado estos quince días tras el 6 de enero para recuperarme de mis vacaciones de navidad y estar lo suficientemente preparada para contárselas.

La navidad es esa época del año que más sobrevalorada esta. Todo el mundo espera las vacaciones navideñas envueltas en un halo de ilusión, nieve, regalos, espumillón y reyes magos y luego, año tras año (es que no aprendemos) nos encontramos con que en Bilbao no nieva nunca por navidad, las tiendas están llenas el día en el que quieres ir a comprar regalos (y que coincide con las tardes del 4 y 5 de enero), no sabes que comprar y el espumillón pierde esos irritantes flecos de colores por tu salón.

Si a todo esto le añades un adolescente en casa, las fiestas aún se complican más. Primero por que ha decidido que son vacaciones y que entonces se levanta cuando le de la gana (más o menos al mediodía), y eso es algo que una vez que te toca ejercer de madre o padre, te cuesta permitir. A veces piensas: " ¡¡Que narices!!, si donde mejor está es en  la cama, calladito, con carita de buena persona, suave, aún sin roncar", pero luego sale esa maldita voz interior heredada genéticamente de padres, madres, abuelos y abuelas que dice: "Tiene que levantarse, sino se convertirá en un perezoso, no llegará a ser nada en la vida, no estudiará, no será capaz de trabajar como es debido" y aunque no estés totalmente de acuerdo con esa voz, aunque en tu interior sepas que dormir no es malo (hasta que a partir de los cuarenta te comienza a doler la espalda si duermes mucho), acabas despertando a Querubín (tal vez se unan a la voz interior las ganas de venganza).

A partir de ese momento se inicia una discusión que se aplaza en el momento en el que Querubín marcha con sus amigos y termina cuando se va a la cama. ¿Qué discusión se preguntarán Ustedes? ¿Por qué?. Es fácil, por todo.

Comienza cuando le mandas abrir la ventana de su cuarto, continua cuando le dices que primero se desayuna y luego puede ir a la tele (luego ya se la prohibirás, pero primero el desayuno), luego le mandas recoger sus restos del desayuno, se va de la cocina y le mandas volver para que meta su taza y cucharita en el lavavajillas (esto comienza una nueva pelea en la que él argumenta que si tu estás al lado del lavavajillas, porque no lo haces tu que es más rápido (Aquí tu sentido común dice, pues si, meto yo la tacita de las narices  y no hay pelea, pero tu código genético educativo piensa que no, que él tiene que aprender a meter su taza y sino acabará viniendo super nanny a casa). Este es el momento en que Querubín se sienta en el sofá y entonces miras un poquito, de refilón, su cuarto y ves que Atila dejaba mucho mejor sus campos de batalla tras el combate. Vuelta a la pelea hasta conseguir que quede despejado al menos el suelo. Querubín vuelve a la posición vacacional del sofá.

Yo me pongo a cocinar (que es lo que tienen estas fiestas, o estas comiendo o estas discutiendo con el adolescente) y me doy cuenta que no tengo suficiente harina. Tengo dos opciones:

1. Dejar lo que estoy haciendo, ducharme, vestirme y bajar a por la harina.
2. Decirle a Querubín que baje.
En un ataque de enajenación mental opto por la segunda opción y comienza de nuevo el follón: ¿Por que yo?, pregunta inquieto, por que necesito la harina, no hay nadie más en casa y yo tendría que dejar de cocinar y vestirme para bajar. Me lanza una mirada de odio y, sorprendentemente, se va a su cuarto, se viste y va a por la harina.

Pensarán Ustedes: "en el fondo es una preciosidad de niño y hasta obediente", pero eso es por que no han visto como ha dejado su cuarto, de nuevo, para ponerse un vaquero, una camiseta y una chamarra y como ha dejado el mio tras la sencilla tarea de coger dinero de mi bolso.

Al cabo de un rato vuelve con la harina y un paquete de patatas que ha decidido cobrarse como impuesto de compra matinal. Me callo y continuo cocinando.

Aún no hemos llegado al primer mediodía de mis vacaciones de navidad y ya no puedo más, necesito urgentemente un balneario. Les seguiré contando.

martes, 4 de diciembre de 2012

Querubín ya no es un niño

El sábado era mi cumpleaños y el de mi hermana y aprovechábamos para celebrar el de mi cuñada (que había sido cinco días antes) y el de mi sobrino que era al día siguiente (en mi familia somos así, de nacer todos juntitos). Normalmente alguien saca unos huevos kinder para repartir entre la cuadrilla de enanos y enana, pero esta vez mi cuñada decidió traer huevos para todo el mundo y el primero en coger fue .....Querubín.
 
Agarró el huevo, lo desenvolvió, abrió en dos el huevo de chocolate, tiró el regalo sobre la mesa y se comió el kinder. Hasta aquí todo más o menos lógico, no?, pues no. Mi niño tras tragarse el chocolate de un bocado nos miró a todos sorprendido por su actuación y dijo: ¡Oh!, ¡ya no soy un niño, me he comido el chocolate y no le he hecho ni caso a la sorpresa!
 
Nos entró a todos la risa y Querubín se marchó a whatsappearse con su cuadrilla, mientras las supuestas personas adultas abríamos nuestros huevos y jugábamos con la sorpresa. Definitivamente la adolescencia es una etapa en la que no eres un niño, pero tampoco un adulto, sino habría jugado con su huevo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Por todas ellas

 
Hoy toca la primera entrada seria de este blog, hoy no voy a escribir sobre Querubín sino para Querubín y para todos aquellos que están en esos años en los que se aprende a ser hombre, ya que quiero pedirles que aprendan a serlo de verdad.
 
Quiero decirles que a las mujeres no se nos pega, no se nos insulta, no se nos desprecia, no se nos maltrata. A ninguna mujer.
 
Me gustaría que aprendiesen  que ser hombre no es ser violento, que no se es más hombre por dominar a una mujer, sino más cobarde.
 
Hoy quiero decirles que se hagan mayores, adultos, responsables, entendiendo a la mujer como una igual. Que se den cuenta que las mujeres tenemos los mismos derechos, que las mujeres podemos decidir, que debemos tener voz y voto en todas las ocasiones.
 
Quiero que Querubín sepa y aprenda que el cuerpo de las mujeres es nuestro, que tenemos derecho a decidir sobre el. Que podemos ser madres pronto o tarde, que podemos elegir no serlo. Que sepa que tenemos derecho a decir con quién queremos vivir (o si queremos vivir solas), que da igual que nuestra pareja sea hombre o mujer.
 
Me gustaría que entendiese que nadie tiene poder para violentar a otra persona. Que el marido, la pareja, la ex-pareja, el padre, el jefe, que pega a una mujer, que la insulta, que la agrede, que la viola, que la violenta, que la asesina, no vale nada y debe ser denunciado y repudiado también por sus iguales.
 
Deseo que Querubín y los que están haciéndose hombres como él sean personas que entiendan la igualdad, que la respeten y la deseen. Que no traten a las personas según su sexo, que no desprecien a nadie. Que no se sientan menos hombres por derramar una lágrima o defender a una mujer frente a otro hombre.
 
Hoy, día contra la violencia contra las mujeres, me gustaría que dentro de veinte años no tuviera que celebrarse este día.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Termostato

Alguna vez sé que les he hablado del termostato estropeado de mi Querubín, pero ahora, en otoño-invierno es cuando queda más patente este defecto de fábrica.
 
En Bilbao está haciendo un otoño muy templadito y además no está lloviendo mucho (cosa poco habitual), pero eso no quita para que por las mañanas la temperatura sea menor a los 8º y por la noche también. Mi niño, sin embargo, sale de casa con pantalón y camiseta y una chamarra (o sudadera en su defecto) y vuelve a casa al mediodia (cuando la temperatura ha subido hasta los 16-18º) exactamente con la misma ropa.
 
Sin embargo, según llega a casa a las tres de la tarde (cuando aún no han puesto la calefacción), se queda en camiseta y calzoncillos y va añadiendo ropa a su atuendo según van pasando las horas y la calefacción va incrementando su fuerza (con lo cual con 18º está en calzoncillos y con 22º en pijama), llegando a dormirse con forro polar atado hasta el cuello y edredón nordico (con, por lo menos, 20º en casa).
 
Por lo menos, cuando ya está dormido y voy a darle un beso (si voy cuando está despierto me gruñe) está sudando, ya que si encima tuviese frío tendría que llevarle a urgencias.
 
Creo sinceramente que el inventor de la sauna tenía un hijo en plena adolescencia.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Otra vez de exámenes

Querubín está de exámenes o tal vez sea mejor decir que medianaranja y yo estamos de exámenes y a nuestro niño le intentamos arrastrar hacia el estudio (tarea ingrata y bastante dura con un adolescente).
 
Una tarde normal en nuestra rutina es en este momento algo así:
 
-Yo (a las cuatro de la tarde): "!!Querubín a estudiar¡¡"
-Querubín: "Hasta las cuatro y media me toca descansar"
-Yo (a las cuatro y media): "¡¡Ya son las cuatro y media!!"
- Él: "Ya voy"
-Yo: (a las cinco menos veinticinco):"¡¡Vamos!!"
-Él: "Primero voy al water"
-Mi ulcera suspira amargamente
-Yo: (a las cinco menos cuarto):"¡¡¡¡Acaba de una vez!!!!"
-Él:(con un Mortadelo en el water):"¡¡Que pesada, ahora voy!!, ¿Que voy a hacer si no sale?"
-Yo (resignada):"Acaba pronto y da la bomba"
-Yo (a las cinco menos cinco, abriendo la puerta del baño y dando la bomba mientras él continua sentado) "¡¡¡Sal de una vez!!!"
-Él:" ¡¡Que bien, ya no tengo que dar la bomba!!"
- Mi ulcera grita para mis adentros.
-Yo: "¿Mañana tenías examen de lengua, no?"
-Él: Y de inglés.
-Yo: (elevando un poquitito el tono de voz):¡¡¡¡¡¡¡¡¡TAMBIÉN DE INGLÉS!!!!!!!!!!"
-Él: "Pero lo llevo muy bien, que estamos con el past perfect y lo hemos visto ya en la academia"
-Yo: (tomándome cuatro valerianas mientras le hablo) Vale, sientate YA y estudia"
 
Querubín se sienta, saca el libro, se levanta, va al cuarto de su hermano y le roba el boli, vuelve, se sienta, se levanta, va a su cuarto y trae un subrayador seco, lo prueba (ve que está seco), se levanta, va a su cuarto, trae un rotulador, se sienta, me mira...
 
-Él: "¿Por qué me miras así?, me pones nervioso y no puedo estudiar"
-Yo:"Estudia de una vez y olvidate de mi".
 
Querubín hace amago de levantarse de nuevo, le agarro y le siento de golpe con un :"¿Que narices te falta ahora?" en mi boca. Él me mira con carita de perro de lanas y me dice bajito,bajito...."Es que no he merendado".
 
Mi ulcera ha hecho la maleta y se ha ido, dice que hay una mujer de mi edad sin hijos en el cuarto derecha y que se va a vivir allí.

Amigo de Querubín

Esta vez la aventura no ha tenido como protagonista a Querubín, sino a uno de sus amigos. Tiene el susodicho un año menos que mi ángel, o sea, catorce añitos y un hermoso resfriado.
 
Su madre, amiga mía para más datos, decidió llevarle al médico no sin antes hacerle ponerse el termómetro. Según lo que entendió mi amiga a su cielito, no tenía fiebre y se dirigieron al centro de salud. Allí comenzó la odisea. Primeramente el muchacho no aparecía en las listas del ambulatorio y al final descubrieron que la criatura estaba inscrita, por error, en otra provincia (como os podréis dar cuanta, es un adolescente sano que no pisa habitualmente la consulta médica). Cuando ya subsanaron este error y les pasaron a la sala de espera de su pediatra, se enteraron de que esta no estaba y les recibió otra, que les dijo que realmente no tenían que estar allí, ya que el niño había cumplido ya los catorce y le corresponde médico de cabecera y no pediatra. A pesar de todo les atendió, auscultó a la criatura y le recetó un frenadol. Hasta aquí todo normal, diagnostico hecho y en menos de tres cuartos de hora de ambulatorio en la calle.
 
Mi amiga y su rey se dirigieron a la farmacia y mientras caminaban el adolescente iba recomponiendose la ropa que no se había recolocado tras ser auscultado y algo cayó al suelo. Los dos miraron hacia abajo y se encontraron con...el termómetro que el chiquillo se había puesto en casa hora y media antes.
 
Un ataque de risa y media hora después, mi amiga se dio cuenta que aún no sabía si su niño tenía fiebre, pero tenía muy, muy claro que sufría un ataque agudo de adolescencia.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

De nuevo la tecnologia causa problemas

Si, de nuevo tenemos problemas por el telefono de Querubín. En principio se supone que está todo controlado, las horas de uso del telefono (entre semana) claramente establecidas (de nueve a diez y media de la noche) y las normas asumidas.

Ayer al mediodia se me ocurre preguntarle a mi niño por POU (un muñeco virtual al que al estilo de los antiguos tamagochis, hay que vestir, alimentar y cuidar) y Querubín me dice que muy bien, que el día anterior había avanzado 15 niveles. Yo (que de vez en cuando pienso) saqué cuentas rapidamente y no me cuadraban la hora y media de utilización diaria del movil con el avance de 15 niveles en un sólo día. No dije nada. Mi niño marchó al colegio y yo fui al escondite diurno del movil....si, suponen bien, no estaba.

Llegó mi chiquitín de clase y según entró por la puerta me dijo: "me ha dicho un amigo -que curiosamente no estudia en el mismo colegio- que el sábado tenemos quedada".

- "Ahh¡¡", contesté yo, "¿y como te lo ha dicho, por tam-tam?"
-"No, dijo él fingiendo una dignidad que SÉ que no sentía, he llevado el movil a clase".

Consecuencias:

- Ayer Querubín no tuvo movil.
- Hoy tampoco lo va a tener.
- El escondite del movil ha variado.
- Probablemente POU muera de inanición.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Pesado, pesado.

Ustedes ya saben que mi Querubín venía superdotado desde pequeñito, lo que igual no les he comentado aún, es que también venía pesado de serie.
 
Nunca ha sido una de esas criaturas discretas a las que un día el profesor o profesora de turno (hacia mitad de curso) descubre al fondo de la clase y se da cuenta de que no son parte de la decoración, no, a mi Querubín le conocían por nombre y apellido desde el mismísimo primer día de colegio.
 
Estando mi criaturita en primaria, tuve la pertinente reunión con su profesora y ella se quejó de que mi ángel no bajaba la mano en toda la clase. La levantaba, decía -y yo le creía, madrastrona que soy-, incluso antes de haber hecho ella pregunta alguna. Al llegar a casa, interrogué a mi niño sobre la cuestión y él, pesado pero austero en palabras, simplemente me contestó: "yo no tengo la culpa si me lo sé todo". Ante esta respuesta, decidí que los asuntos del aula mejor se quedaban en el aula y que quién era yo para coartar la libre expresión de mi chiquillo.
 
Sin embargo, quiso el destino poner las cosas en su sitio y la pesadez de mi niño en limites aceptables. Ocurrió así:
 
Querubín llevaba toda la tarde incordiando a una de sus compañeras de clase (tendrían los angelitos unos 9 años), llegó la clase de gimnasia y continuó haciéndolo (que si te tiro un balón, que si te empujo un poquito, que si me meto contigo...). Al final de la hora y mientras bajaban las escaleras mi niño siguió dando la petardada a la chiquilla en cuestión, sin valorar la raqueta que la susodicha llevaba en la mano.
 
Mi cielito aún conserva en la frente la cicatriz y supongo que la niña el orgullo de haber hecho callar a mi Querubín.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Residencia de ancianos

Era un día de verano, la familia nos encontrábamos reunidos en un bucólico entorno, mi media naranja le dijo a Querubín que tenía que recoger, Querubín miró a su padre y le dijo con tono amenazador:


" Tú, me tendrías que tratar bien. Tienes que darte cuenta que soy el más listo de tus dos hijos (la autoestima de mi superdotado siempre ha estado por las nubes) y por lo tanto soy el que más dinero voy a ganar. Por lo tanto, continuó mi ángel, si no te portas bien conmigo te pagaré una residencia muy barata y peor que si te portas bien".

Se quedó como un rey mi Querubín (y sin paga un par de semanas -aunque sea contraproducente y no pueda ahorrar para nuestra residencia-).