martes, 21 de febrero de 2012

Viaje a Birmania

Una amiga mía, fiel comentarista de este blog y madre de un joven recién salido de la adolescencia (o como ella se empeña en asegurar, adolescente a punto de entrar en la juventud), se ha ido de viaje a Birmania.

La historia del viaje es larga y peculiar, ya que sus hermanos han tenido el destino del viaje oculto hasta el ultimo día y ella no sabia a donde la iban a llevar (ni siquiera sabia si tenía que llevar ropa de abrigo o no), pero la conclusión es que esta fuera (y lejos) y ha dejado aquí solos a sus dos hombres.

En un correo que nos ha enviado desde la lejana Birmania (que no puedo evitar me recuerde al demonio de Tasmania, pero debe ser por que rima), nos pedía que cuidásemos a su ángel y a su media naranja. Cuando lo leía, me sentía incapaz de llamar a su casa y comentarles a dos hombres (uno hecho y derecho y el otro que está en ello) que era para saber si estaban comiendo bien y si tenían problemas con las tareas domesticas. Si embargo, la petición de mi amiga seguía ahí y sólo se me ha ocurrido una manera (ya que sé que su ángel lee de vez en cuando este blog)....

!!!Querubín de mi querida amiga:

* Portate bien
* Come en condiciones
* Combina la ropa con gusto (piensa en como lo haría tu madre)
* y estudia mucho. !!!

Que conste que se tiene que leer con el mismo tono que cualquier madre emplearía para dirigirse a su propio angelito.

Besos y no sufráis,  que la Birmana vuelve pronto.

Telefono

Hace poco volvía yo de una reunión de trabajo en la que muchas de las personas asistentes tenían iphone, samsumg galaxi pro acer mini x plus S III ( o algo parecido). Al llegar a casa, se lo conté a mi media naranja y le dije: " en cuanto se me acabe la permanencia del movil, me voy a comprar un iphone (que a mi a tesnologica no me gana nadie)". En una micromilesima de segundo Querubín (accionado por las palabras iphone y comprar utilizadas en la misma frase), apareció ante nosotros.

Querubín: "Vale, te compras el iphone y me lo das"
Yo, con una media sonrisa en la cara: "no, cariño, el iphone sería para mi. A ti te daría mi viejo movil"
Querubín: "Mira amatxu, un 43% de las personas mayores que tienen un smartphone no saben utilizarlo...y tú serías una de ellas".

En aquel momento, yo (que tengo un par de blogs, cuenta de facebook y manejo desde el photoshop hasta el quark...y he pasado de los cuarenta hace poco) me alteré ligeramente y le anuncié que el siguiente movil que él iba a tener tendría tapa, números grandes y NO sería tactil.

Querubín aún no me habla, pero no me importa, creo que más de un 43% de los adolescentes no mantienen una comunicación fluida con sus madres.

jueves, 9 de febrero de 2012

NOTAS



Ayer mi Querubín entró por la puerta anunciando a gritos que había sacado un 9 en tecnología y un 7 en natur. Su querido padre (que para más datos es profesor en el mismo centro que la criaturita) entró preguntando si no tenía más notas. Querubín simplemente contestó: "no".

Pasaron las horas y con ellas la tarde y al anochecer, su padre (que ya debía estar explotando por dentro de aguantarse), le preguntó directamente: ¿La nota de Geografía, no te han dado?. Se hizo un profundo silencio en casa. Yo estaba en la cocina y me sobresalte por ese momento en el que se oían las respiraciones (la de Querubín un poco más acelerada). Al final contestó: "Una parte la he aprobado (esto en su vocabulario es un 5 por los pelos) y la otra la he suspendido".

Su padre, que tiene un mayor autodominio que el mío, calló. Yo llame a mi criatura a la cocina y comencé con ese discurso tan famoso..."no te conformas con no estudiar, ni con suspender, encima tienes que engañarnos, etc, etc, etc...". Querubín me miró con los ojos llorosos (yo pensaba que de arrepentimiento) y me dijo: "me parece mentira que te pongas así, no os lo había dicho porque voy a recuperarla y para que os iba a dar un disgusto".

Aunque no se lo puedan creer, yo tenía una sartén en la mano y no le dí con ella. Mi media naranja me debe estar contagiando el autodominio.

miércoles, 8 de febrero de 2012

QUERUBIN Y EL FRÍO

En estos fríos días en los que la masa de aire siberiano amenaza Bilbao (prometiéndonos una nieve que no acaba de llegar), Querubín sale a la calle vestido de una peculiar manera.

Mi criatura lleva guantes de cuero (robados a su querido padre), una bufanda (cogida del armario de su querida madre), una chaqueta de invierno (¡¡¡bien!!!) y...una camiseta. Podrían Ustedes pensar que en esta indumentaria falta un jersey (estamos a 2º), pero entonces pensarían lo mismo que yo, pero no lo mismo que Querubín.

Ayer mismo entraba en casa aterido de frío y agradeciendo el calor del hogar (esta vez en su sentido más literal), pero sin jersey.

A la tarde mi criaturita se fue a entrenar. Como saben Ustedes de otras ocasiones, mi niño es un sabio y como tal es despistado. Imaginen, imaginen...no había entrenamiento, con lo cual estuvo una hora dando vueltas por el barrio a la búsqueda de algún familiar cercano (no llevaba móvil ya que al final el puck le pidió el pin y luego...vamos, que no sabe donde está) para poder entrar en casa (no llevaba llaves, ya que se le habían olvidado) y entrar en calor.

Cuando nos lo encontramos (sus tíos y yo) estaba enrojecido (no sabemos si del frío o de llevar una hora corriendo por todo el barrio) y en pantalón corto, camiseta y chamarra. Sus tíos se horrorizaron y apenaron, a mi (mucho más acostumbrada a las querubinadas), me entró la risa.

Cuestiones para meditar:
¿Por qué no había entrenamiento y Querubín no se había enterado?
¿Por qué teniendo jerseys y sudaderas no los usa en invierno?
¿Por qué NUNCA lleva el móvil?

viernes, 3 de febrero de 2012

Querubín y Querubincito

Creo que ya les he contado en más de una ocasión la peculiar "relación" entre Querubín y su hermano pequeño: No le aguanta (así, sin más, sin matices).

Yo, madre abnegada y preocupada por los continuos enfados y peleas fraternas que se dan en mi hogar, lo comenté con una amiga. Ella, mu´psicologa, me dijo que probase a hablar del tema con Querubín y que tal vez fuese una cuestión de que llegase a perdonar a su hermano por existir (¡¡manda narices!!). Como también les he dicho en otras ocasiones, yo también soy mu´psicologa (como mi amiga) y decidí que una tarde cualquiera al quedarme a solas con mi niño iba a comenzar el interrogatorio.

Dicho y hecho, agarre a Querubín, le senté en el sofá (impidiéndole la salida para que no escapase al sacar el tema de Querubincito) y comencé a preguntar. Mi niño (que es un sabio) enseguida se dio cuenta por donde iban los tiros y debió pensar que o cortaba aquello de raíz o íbamos a estar media tarde en el sofá, con lo cual me plantó:
"Que quieres que te diga, que no quiero a mi hermano, pues no. Por ejemplo, si él se quisiera suicidar y se tira por una ventana, yo lloraría. ¡¡Entonces le quiero, no!!.".

La verdad, me hubiese gustado que mi amiga estuviese allí, pero como no estaba, acaricié a Querubín como se hace con los perritos y puse la tele, ¿me comprenden, verdad?.

martes, 31 de enero de 2012

El movil



Querubín quiere un móvil. No es que no tenga ya uno, pero no es lo suficientemente moderno, ni lo suficientemente caro, ni lo suficientemente díficil de manejar, ni lo suficientemente de marca de moda para poder presumir de el. Mi niño insiste día a día en que su móvil es un mierda y nosotros, sus queridos progenitores insistimos día a día en que bastante tiene con ese móvil para lo que lo usa.

La relación de mi criatura con este aparato es de amor y odio. No lo utiliza para los fines convencionales que es llamar y ser llamado (si intentas localizar a Querubín siempre te saldrá una voz que diga: "el teléfono marcado está apagado o fuera de cobertura"), pero si para escuchar música (a pesar de tener un mp3), para sacar fotos (a pesar de tener una cámara) o para jugar (a pesar de tener una psp). Sin embargo esta relación con su móvil no está basada en la fidelidad y la constancia. Hay temporadas, largas temporadas en que mi niño pierde el móvil (vamos, que queda enterrado entre la montaña de cosas desordenadas de su cuarto, en algún bolsillo de algún pantalón que ha acabado arrugado y sucio en algún cajón,...). Esta semana pasada ha sido una de ellas.

El domingo a la noche buscando un mando de la wii, encontró el móvil (el mando de la wii aparecerá en otra ocasión) y como llevaba una larga temporada desaparecido...no recordaba el pin.

Yo me había metido ya en la cama y oía un pitido cada dos minutos indicando que mi ángel no conseguía meter el pin correcto. Cuando ya estábamos mi ulcera y yo preparadas para levantarnos y hacer que Querubín se comiese el telefónico, él vino feliz y contento y con el teléfono en marcha.

"Mira, mira -me dijo con una sonrisa de oreja a oreja-, he conseguido encenderlo. No me acordaba del pin, pero de repente me ha pedido el puck y pensando he decidido que seguro que si usaba los números que forman los ángulos de un cuadrado funcionaba y ha funcionado. ¡¡Soy un superdotado!!"

Supongo que Ustedes estarán intentando descifrar lo que mi querido Querubín me quiso decir. Les voy a dar un consejo: no lo intenten, no merece la pena intentar pensar como un adolescente. Yo no lo hice, simplemente le di un beso y no quise preguntar donde tenía el cargador del móvil.

lunes, 30 de enero de 2012

El teléfono



Un día a la semana mi Querubín entra a clase a las 8 en lugar de a las nueve, y por lo tanto, se "despierta" mucho más dormido de lo habitual. La semana pasada se levantó (que no despertó), se vistió, desayunó y se marchó a clase.

Al cabo de diez minutos sonó el portero automático. Era su amigo (con el que va a clase todos los días), preguntando si bajaba Querubín. "Ha marchado hace un rato, se habrá despistado", le contesté yo y mientras tanto pensé "¡¡Este hijo mio es un desastre!". Pasaron cinco minutos y yo también me marché a trabajar.

Pero... camino al trabajo recordé "el sucedido" y mi imaginación - que tiene la mala costumbre de hacer lo que le viene en gana- decidió comenzar a trabajar. Les cuento la historia que fui desarrollando en los escasos diez minutos que tengo de casa al trabajo:

"Querubín ha bajado en el ascensor, le han parado en uno de los pisos y un hombre se ha montado con él y le ha obligado, navaja en mano, a ir al garaje donde le ha metido en un coche con la clara intención de secuestrarle (al estilo de los secuestros-express mejicanos),  y yo,  mientras tanto,  he dado por hecho que mi niño es un desastre despistado y que simplemente se había olvidado de esperar a su amigo y se había ido sólo al cole. En este momento de la historia la parte racional de mi imaginación se preguntaba para que iban a secuestrar a nuestro niño, pero enseguida encontré la explicación...Unos pisos más abajo, seguro, vive algún político influyente al que quieren extorsionar secuestrando a su hijo que, casualmente, es igualito a mi Querubín. En esta parte de la historia es cuando vendría como el secuestrador quiere llamar a nuestra casa para pedir el rescate y le pregunta el teléfono a mi niño...".

Mi imaginación quedo inmediatamente relegada y de un empujón dio un paso adelante la madre de todos los días que pensó: ¿sabe mi Querubín el teléfono de casa -por si un secuestrador equivocado se lo pide para pedir un rescate-?

Conclusión de este maternal sucedido mañanero: Según llegué a casa por la tarde Querubín (que simplemente se había olvidado de su amigo y había ido en estado catatonico al cole) y Querubincito (que pasaba por allí) sufrieron un interrogatorio para ver si se sabían el teléfono (el de casa y el móvil, por si acaso).

Moraleja para otras madres y padres de familia: A la famosa frase de nuestras abuelas recordándonos la necesidad de llevar ropa interior y calcetines limpios "por si nos pasaba algo y teníamos que ir al hospital", podemos añadir en esta época de sobresaltos la necesidad de saberse el teléfono por si nos secuestran a las criaturas.

lunes, 23 de enero de 2012

Querubincito y la familia

Hoy me van a permitir que hable de Querubincito (aunque aún no sea adolescente).

A finales del pasado año nos comunicaron desde el colegio de la criatura que había ganado el primer premio de un concurso de cuentos. Yo, que soy muy comedida para estas cosas, llamé a toda la familia y escribí un correo electrónico a todas aquellas personas que conocen a mi criatura. Conclusión: aproximadamente unas doscientas personas tenían al día siguiente conocimiento del sucedido.

Pasado el día de Reyes, desde la sede del periódico que organizaba el concurso, llamaron al colegio y les preguntaron cuantas personas íbamos a ir a la entrega del premio. Empezamos a echar cuentas: Los abuelos, las tías, sus primos, nosotros (sólo los progenitores, Querubín decidió que no le apetecía ir a ver a su hermano en su momento de gloria)...9 personas (el resto de la familia y allegados no podían por motivos laborales, que sino también vienen y tenemos que flotar un autobús).

Día 19 de enero, entrega de los premios: Entramos en la recepción del periódico y la ocupamos por completo, parecíamos muchos más de 9. Otra ganadora iba acompañada únicamente por sus progenitores y su hermano y el tercero de los premiados solamente fue con su madre. Nuestra familia iba muy alegre, charlatana y con ganas de hacernos notar...una excursión en toda regla.

Nos metieron en un precioso txoko en el que habían preparado una merendola (gominolas, patatas, bocadillos de jamón, etc...) y allí les entregaron los premios (a mi niño un ordenador). Durante la solemne entrega se podía oír a su prima por detrás :"¿puedo comer ya las gominolas?, ¿puedo comer gominolas? ¿puedo...".

Una vez entregados los premios y mientras los organizadores nos daban el pertinente rato de educada conversación, los tres infantes de nuestra familia se dedicaban a dar buena cuenta de la merienda (Querubincito corría tras su primo acusándole de haber comido 9 regalices), pedían un baño donde aliviar sus necesidades y en definitiva parecían una docena de preciosas criaturas (yo no sabia muy bien si recodábamos más a una familia del sur de Italia o la de las películas de Paco Martinez Soria).

Creemos que por muy bueno que sea el cuento de nuestro Querubincito, el próximo año no van a concederle premio alguno. Su familia sale muy cara en golosinas.

Tuvimos la decencia, que somos muchos pero muy bien "educaos", de no aplaudir sólo cuando le dieron el premio a nuestro niño, sino cuando ya los tres tenían sus regalos.

martes, 17 de enero de 2012

Mi Querubín y las enfermedades (parte II)

Este fin de semana me ha tocado trabajar. Llegue a casa hacia las seis de la tarde del domingo y el panorama que me encontré era desalentador, Querubín estaba tumbado en el sofá tapado con dos mantas y sin apenas levantar la cabeza al oírme llegar. Su querido  padre estaba en el ordenador viendo una peli.
-¿Que te pasa cariño?, pregunte yo.

- Me dueleee el cueeello y la caabeza..., me dijo Querubín en un tono apesadumbrado y arrastrando las palabras.

Al acercarme a él para darle un beso, me alarme, ya que sólo con acercarme note una ráfaga de aire caliente que me envolvía. - "Este niño tiene fiebre", dije, mientras corría hacia el baño a por un termómetro.

Le mandé ponerse el termómetro y cuando sonó, me acerque preparada para llevarme un disgusto, pero no, allí marcaba 35,6º, vamos, mi Querubín no tenía fiebre.

Comprenderán Ustedes mi desconcierto, el niño ardía y el termómetro , sin embargo, indicaba que su temperatura era normal. En ese momento me fije mejor en él, ese tremendo volumen que tenía su figura y comencé por quitarle las dos mantas en las que se había envuelto, seguí por el forro polar, los dos jerseys, uno de los dos pares de calcetines y la almohadilla de calor que rodeaba su cuello. Mejoró mucho la criatura.

Enseguida se levantó a merendar (el hambre no la pierde mi Querubín), mientras me decia: "Peroooo, llama al médicooo, me dueleeee el cueello". A estas alturas yo ya me había puesto a deshacer la maleta y pasar un poco de él, no se si se entenderá mi postura.

lunes, 9 de enero de 2012

Los Reyes Magos y la batamanta


En alguna entrada anterior les he comentado, como Querubín tiene muchas tías (incluso en alguna ocasión les he hablado de alguna de ellas), pero aún no había aludido en este blog a esta tía en concreto que hoy se merece una entrada.

La tía de Querubín escribió esta año su carta (ella es muy ordenada y responsable y la mandó puntual y correctamente). Por supuesto, sus Majestades la recibieron y no cayó en saco roto (a pesar de que las risotadas al ver que había pedido una bata-manta casi le producen una contractura a Gaspar que ya está mayor).

Por supuesto, los Reyes Magos, se pusieron inmediatamente en  marcha y , descartada por falta de tiempo la opción de compra por internet, comenzaron a llamar a los grandes centros comerciales.

Reyes Magos (o Reina Maga en este caso): ¿Tienen Ustedes bata mantas?
Telefonista de El Corte Ingles: Perdón, ¿bata que¡¡?
Reina Maga (un poco avergonzada): Nada, nada que me he confundido, que preguntaba si está Marta.

Al final, una de las llamadas fue a Primark y allí les contestaron a los Reyes: "Si, en la planta de arriba, sección hogar". Raudos cogieron el coche (que los camellos están muy bien en Oriente, pero no son nada prácticos en Bilbao) y se fueron a por la bata-manta. Allí estaba...¡¡impresionante!!. Gaspar la veía semejante a un galgo, a Melchor le recordaba más a un leopardo y a Baltasar...¡¡no le salían las palabras!!.

Mi querida cuñada ya tenía su bata-manta. La mañana de Reyes al recibirla se la vio emocionada con el regalo e incluso se la probó, pero los Reyes se han dado cuenta de lo mucho que le ha gustado cuando han recibido un mensaje con dos fotos....¡¡La tía de Querubín en el sofá leyendo un libro con la bata-manta puesta!!.

Claro, como todo se pega, Querubín y Querubincito han dicho que para sus cumpleaños van a pedir una bata-manta. ¡¡Angelitos!!

martes, 3 de enero de 2012

De cuando se crece más de lo que se va madurando. Primera parte

Tengo que comunicarles que a Querubín ya le están saliendo pelos por todas partes.Lo que empezó con unos pelillos en las axilas (dando origen a este blog), se ha convertido en una invasión del cuerpo de mi "pequeño". En estos días navideños he comenzado a notar como su cara (hasta ahora suave), comienza a rascar mostrando incipientes pelos que pronto llenarán y poblarán una......BARBA.

Todo esto hace que a mi me ocurran varias cosas:

1ª Me siento más vieja. Entiendanme, no es lo mismo llevar de la mano a dos infantes imberbes que ir acompañada por un enorme individuo que proclama ser tu hijo.

2º Tiemblo al pensar en la cantidad de días de compras que me esperan para renovar un vestuario que ya no le va a servir para nada y que pasará a engrosar el armario de su hermano pequeño.

3º Me espera una renovación en casa. Mi chiquitín se empieza a quejar de la greca de ositos, balones y soldaditos de plomo de la pared su cuarto. Esto hace que los pelos se me encrespen y me suba la tensión. Odio las obras.

4º Tengo que aguantar a un niño-hombre-adolescente-monstruo que no se entiende ni él y cuya frase favorita ha pasado a ser (mirándome a los ojos): "No te entiendo, es que no te entiendo".

Él, sin embargo, está dispuesto a pasar esta etapa de su vida sin grandes complicaciones, tumbado en el sofá y jugando a la Play y claro, cuando le hago levantarse y apagar la maquina, me mira y dice: "No te entiendo, es que no te entiendo".

Sin embargo, en el momento en el que le levantamos del sofá (hace falta que ejerzamos presión mi querida media naranja, mi ulcera y yo para lograrlo), se transforma. Aparece un niño de unos catorce años, cuya única función es meterse con su hermano (al fin y al cabo es la tarea a la que más horas ha dedicado en sus últimos diez años de vida) e intentar quitarle la nintendo.

Querubincito: "Dame la Nintendo, es mía"
Querubín: "Estoy jugando a un juego de lógica y Ama me ha dicho que es bueno para mi"
Querubincito: "Ama, ¿tú le has dejado a Querubín mi Nintendo? (todo esto gritando, por supuesto)"
Yo: "A mi no me metáis en vuestros líos"
Querubín: (gritando más que su hermano y con más potencia de voz) "Me dijiste que los juegos de lógica eran buenos y por eso le quito la Nintendo"
Yo: "Si, pero te dije que hicieses en una revista de pasatiempos, no con una máquina"
Querubincito: "Ves, DAME MI MAQUINA"
Querubín (mirándome a los ojos): "NO TE ENTIENDO, AMA, ES QUE NO TE ENTIENDO".

Creo que esto es lo que llaman desfase generacional.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Querubín y los idiomas

Mi querido niño y yo nos fuimos de compras el otro día. Yo, madre abnegada, decidí no enfadarme con él en toda la tarde (mi ulcera me apoyo en esta ardua tarea) y él , adolescente en funciones, creo que decidió pedirme todo lo que había en las tiendas.

Les voy a poner en antecedentes: Querubín y yo, centro comercial en el centro de Bilbao (permitanme la redundancia), vacaciones de navidad. Estuvimos visitando esas tiendas tan monas y agradables con música discotequera y ropa que yo, por tamaño, no me podría poner ni como pañuelo. Al final, mi ángel se decidió por unos vaqueros (iguales a los anteriores 500 que habíamos visto) que le quedaban lo suficientemente grandes como para llevarlos a la altura de la cadera y enseñar el calzoncillo. Con esta compra dimos por terminado el periplo de gastos y nos dirigimos a la zona de cafeterías.

De repente... mi niño comienza a abrazarme y decirme lo guapa que soy. ¿Un ataque de amor filial?, se preguntarán Ustedes. "No", les contestaré yo, simplemente pasábamos cerca de una heladería y él quería un helado.

Como ya les he dicho antes, había salido de casa dispuesta a complacer a mi Querubín y por lo tanto nos dispusimos a comprar un helado. En la heladería estaba una mujer extranjera que en ingles le pedía a la heladera dos helados (de chocolate y de vainilla, por si tienen curiosidad por los gustos de las mujeres extranjeras de habla inglesa en cuestión de helados). Cuando la señora en cuestión pagó y la heladera le dio gentilmente las gracias ("thank you", fue concretamente lo que dijo), le tocaba el turno a mi niño de pedir su helado (por supuesto el más grande de toda la heladería, que mi Querubín es de Bilbao).

Querubín, señalando la foto de un gigantesco helado: "I want one of this"
La heladera: "¿Cream?"
Yo: ¡¡¡Querubín, tú en castellano!!
Mi ángel, mirando a la heladera y respondiéndome a mi: ¡¡No, ella sabe ingles y yo también, así que practico!!.
La señora extranjera que seguía guardando los cambios no dijo nada pero puso cara de estar pensando: "¿Se estarán riendo de mi?".

Luego, ya en privado, mi niño me dijo que esa frase le salia muy bien cuando estaba en Inglaterra y que tenía que practicarla. Claro que si, hijo mio, amortiza el viaje que a frase por año algún día dominaras la lengua de Shakespeare.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Querubin y los Reyes Magos

Querubín siempre ha tenido una relación muy especial con los Reyes Magos (el es como muy de conservar las tradiciones) y sin embargo lloraba como un descosido en el momento en el que se le acercaba un Santa Claus (de los de los centros comerciales, que la verdad, son para llorar con esas falsas barbas y esos cojines en la barriga).

Nosotros, sus queridos padres, nos encontramos con el problema de que Querubín llegaba a los diez añitos y aún no daba muestra alguna de saber nada sobre la verdadera procedencia de los regalos del 6 de enero y aunque creíamos que debía enterarse antes de llegar al bachillerato, nos daba pena romper esa bonita ilusión.

Un día, Querubín y un amigo suyo estaban bajando las escaleras de un centro comercial y detrás de ellos estábamos la madre del amigo y yo. Querubín se dio la vuelta y dijo: ¿Es verdad que los Reyes Magos no existen?. La otra madre y yo nos miramos y decidimos dejar para casa aquella conversación.

Al llegar a casa, llevé a Querubín a su cuarto y lejos de los aún tiernos oídos de su hermano retomé la conversación.

Yo: "Mira cariño, antes me has preguntado si los Reyes existen. Bueno, pues no, los Reyes Magos le llevaron a Jesús regalos y nosotros, los padres y las madres seguimos esa tradición y dejamos regalos a nuestros hijos"

Querubín: "No, no te preocupes, que yo si me creo lo de los Reyes"

Yo: "Que no cariño, que no existen"

Querubín: "Amatxuuuu, que les he visto cuando van al coleeee"

Yo (Sacando fotos del álbum familiar): "¡Que no, que Melchor es tu tío disfrazado!! ¿no le reconoces?

Querubín (un poco nervioso): "¿y Baltasar, ¡¡Que Baltasar es negro!!"

Yo (también un poco nerviosa): "Chico, pues un amigo de una profesora que es del Congo".

Querubín: "Vale (en un tono bastante seco)"

Yo: "Por cierto cariño, ahora tienes que callarte y no decirle nada a tu hermano, ehhh¡¡ Tienes que hacer como cuando te dije lo del Ratoncito Perez que nunca has dicho nada".

Querubín (comenzando a llorar a lágrima viva): De, de, de eso ya no me acordaba¡¡¡¡¡

Un rato de abrazos después me miró y preguntó: "El Olentzero si existe, ¿verdad?"

Yo: "Si cariño, si, ala duerme (al fin y al cabo que más da que lo sepa en bachiller que en la Universidad, pensé).

Sinceramente nunca he vuelto a tocar este tema con él, parece por sus comentarios que alguien le quitó la ilusión del Olentzero, pero no fui yo. Tampoco le he hablado aún de la cigüeña ni del hombre del coco, ¡¡¡no me atrevo!!!.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Cumpleaños

Ayer me acusaban algunos de los fieles seguidores de este blog de tenerlo abandonado. Es cierto, ultimamente no he tenido tiempo para nada (fijense Ustedes que ha habido días en que he estado respirando una vez si y otra no para ganar tiempo), pero aquí estoy de nuevo a contarles las ultimas andanzas de mi pequeño.

Hace unos días fue mi cumpleaños. Querubincito llevaba unos cuantos días encerrandose en su cuarto a preparar algo que regalarme ( son ocasiones en las que el terror me paraliza ya que mi pequeñin con tijeras y pegamento tiene exactamente la misma proporción de buena voluntad que de poca habilidad), con lo cual yo sabia que iba a tener una sorpresa.

Querubín, sin embargo, no había dado muestras de estar interesado en ofrecerme detalle alguno por mi efemerides...pero nunca se pierde la esperanza.

Llegó el gran día, me levanté de la cama y fui a despertar a Querubín. Me gruñó como hace todas las mañanas y como yo tampoco soy de grandes efusividades a esas horas, me fui a desayunar. Media hora más tarde desperté a su hermano que según abrió el ojillo me dijo: "Felicidades amatxu" y se levantó para darme una postal y un llavero que me había hecho (estas son las pequeñas cosas por las que Querubín desprecia a su hermano y le considera un asqueroso pelota).

Querubín, desde la cocina, alcanzó a oir a su hermano y vino rapidamente donde mi con uno de sus tebeos de Mortadelo en la mano.

-"Toma Amatxu, felicidades. YO TAMBIÉN ME HE ACORDADO", me dijo Querubín mientras miraba con cara de desprecio a Querubincito.
-"Cariño, este es uno de tus tebeos", le respondí yo mientras intentaba sofocar un ataque de risa.
-"Si, confesó, pero no te preocupes, es de los que me has comprado tú"

Mi ulcera y yo nos quedamos mucho más tranquilas al saber que no había despilfarrado el patrimonio familiar en un absurdo regalo para su madre.  Así es Querubín, austero y ahorrador.

martes, 29 de noviembre de 2011

VISITAS

Ayer tuvimos visitas en casa, un compañero de trabajo salvadoreño vino a cenar con dos amigas, una de ellas cubana y la otra ecuatoriana (están los tres haciendo un master aquí).

La cena transcurría con total normalidad explicándonos y contándonos mutuamente las diversas y exquisitas diferencias gastronómicas entre los cuatro países (por cierto, descubrí que el arroz a la cubana no es típico en Cuba) cuando mi querido Querubín decidió intervenir:
- Querubín mirando fijamente a la chica cubana: "Si eres de Cuba, ¿te han dejado salir de allí?"
- El resto de los presentes entre risas nerviosas y queriendo quitar peso a la pregunta: "No ves que está aquí, je,je,je"
- Querubín -que nunca se da por vencido-: "Pues mi profesora de geografía me ha dicho que en Cuba hay una dictadura y que no les dejan salir de allí".
- Yo: "¿Habéis probado alguna vez las anchoas en aceite?"
- Mi compañero de trabajo entre risitas nerviosas: "Ya ves, pues ha salido".
- Querubín pensando que no nos enterábamos de nada: "¡¡Ha podido venir escondida en un barco!!".
- Yo: " Y la tortilla, ¿que os parece la tortilla de patatas?
Aquí intervino la chica cubana y le dio a Querubín una explicación sobre los bloqueos que pareció convencerle. Entre eso y que yo le metí en la boca un pastel de arroz, se cayó un rato y seguimos hablando de lo que se parecen las calles de La Habana al Casco Viejo bilbaíno.
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