miércoles, 11 de mayo de 2011

LA TELEVISIÓN

En este campo no veo muy afectado a mi angelito tras el momento "peloenlasaxilas". Sus gustos televisivos han cambiado poco en los últimos diez años.

Cuando alcanzó la madura edad de los cuatro años he de reconocer que yo vi la luz, o por lo menos deje de ver a los teletubbies. Aquello era como una droga en cuatro colores. Todos los capítulos eran basicamente iguales, empezaban con aquellos muñecajos rodando ladera abajo y cantando "teletubbies, teletubbies" hasta unirse gritando "ABRAZO FUERTE". Mi querubín miraba a la tele con la boca abierta y sin mover musculo alguno -creo que tampoco pestañeaba en los veinte minutos que duraba aquel bodrio, perdón, serie-.

Cuando aquellos peluches con forma de extraterrestres-televisores-figuras de parchis-drag queens se metían en su casa y nos enseñaban su fabulosa vivienda, la cosa iba de mal en peor. Se dedicaban a desayunar tirando las tostadas por el aire y tras mancharlo todo se marchaban dejando al aspirador que limpiase aquella guarrada. Mi niño miraba fijamente a la pantalla y aprendía, vaya que si aprendía.

Pero como os decia, a partir de los cuatro años su mente se abrió y descubrió... Pokemon. A los cuatro años empezó a ver a Picatxu, a los seis veía Pokemon, a los ocho continuaba con Pica, Pica, Picatxu, a los diez aún vendían tazos de Pokemon, a los doce había cromos de Pokemon, a los casi 14 pone la tele y mirandola fijamente con la boca abierta y sin mover un sólo músculo...ve Pokemon.

Sólo ha habido una diferencia en el sofa de casa en estos últimos diez años, su hermano pequeño se incorporó -por supuesto boca abierta incluida- a disfrutar de las maravillas que hacen los entrenadores Pokemon con sus bolas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario